No Hables · Temporada 3 · Episodio 5
Voces jóvenes, sueños grandes: del servicio militar a la Escuela Naval
Un guardiamarina del ARC Gloria cuenta cómo llegó a la Armada Nacional: dejó una beca universitaria virtual, prestó el servicio militar en Coveñas y en los Montes de María, y tras varios intentos y obstáculos entró en 2022 a la Escuela Naval de Cadetes «Almirante Padilla». Una historia sobre insistencia, apoyo familiar y sueños que no son lineales, grabada en la zona de fondeo frente a Puerto Quetzal.
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Capítulos
- 00:37Una guardia en el alerón de estribor
- 02:13Zona de fondeo frente a Puerto Quetzal
- 03:56La beca virtual y la decisión de servir
- 05:12El primer intento y el servicio militar
- 08:35Cuatro meses después: seguir en la vida militar
- 10:18Diciembre de 2021: el golpe
- 12:23Una operación a ocho días del examen
- 13:11Puesto 18: admitido
- 14:38La matrícula y la dotación
- 17:53La llamada de la escuela: matrícula cero
- 19:35Ingreso el 8 de julio de 2022
- 20:53Los sueños no son lineales
Resumen
Un guardiamarina del ARC Gloria cuenta, frente a Puerto Quetzal, cómo llegó a la Escuela Naval de Cadetes: la beca que dejó, el servicio militar en Coveñas y Montes de María, un primer resultado adverso, una operación a ocho días del examen médico y la llamada de la escuela, dos días antes del ingreso, que le informó que quedaba en el programa de matrícula cero.
Temas
- Dejar una beca universitaria virtual para prestar el servicio militar.
- Insistir después de dos resultados adversos.
- El apoyo de una familia que reunió dinero entre padre, tíos, primas y abuela.
- El programa de matrícula cero de la Escuela Naval.
- «Los sueños no son lineales.»
Transcripción
Texto editado a partir de la transcripción automática y revisado por el autor.
El guardiamarina autorizó la publicación de esta historia, incluidos los datos de dinero y de salud que cuenta.
No Hables hoy, el podcast de los mares. Antes de continuar con este relato de voces quiero contarles una pequeña intro de lo que ocurrió en una de mis guardias de mar. Quizás no fue la del amanecer, sino la de las 20 a las 24 horas. Estaba en el alerón de estribor, con un guardiamarina que prestaba guardia de vigía. Empezamos a hablar y, esa noche, ni los micrófonos ni la cámara estaban para recoger el relato. Hoy intentaré volver a hacerlo. Lo más importante es poder captar, aunque sea, la esencia de esa charla, que solo conocemos él y yo, y compartirla con ustedes.
Esta tarde estamos en la zona de fondeo. Vemos el puerto de Quetzal y los diferentes buques mercantes. Estoy con el guardiamarina, con él vamos a charlar.
Daniel: Buenas tardes, mi guardiamarina. Cuéntame una cosa: ¿estás contento de llegar a puerto después de estos días de embarque?
Guardiamarina: Sí, claro. La experiencia de ir navegando es muy maravillosa, pero siempre tenemos las ganas de llegar a puerto: una nueva ciudad, nuevas costumbres, nuevas cosas que conocer.
Daniel: Correcto. En la introducción les comentaba de la charla que tuvimos en el alerón de estribor. Quisiera retomarla y que nos cuentes cómo fue ese proceso de incorporación que esa noche quisiste compartir.
Guardiamarina: Claro. Las ganas de ingresar a la Armada me nacen al terminar el bachillerato. Todavía no estaba completamente decidido. En ese tiempo, gracias a mis notas académicas, me gané una beca para estudiar ingeniería electrónica, pero con la novedad de que era de manera virtual. Comencé normal el primer semestre y vi que la modalidad no me gustaba. Decidí hablar con mi papá y comentarle que, por razones mías, no quería continuar con la carrera, no porque no me gustara, sino por la modalidad. Prefería decirlo al principio y no a mitad de carrera, cuando los gastos serían mayores.
Guardiamarina: Mi papá se sorprendió con una noticia así: una beca y dejarla como si nada. Y más cuando le comenté que quería prestar el servicio militar en la Armada. Para él fue algo duro, casi no lo comprendía, pero siempre ha sido de esas personas que, en vez de criticar nuestras decisiones, nos apoyan y nos dan consejos. Al final se dio todo y me postulé para ingresar al servicio militar. Hice mis exámenes en septiembre de 2020, en el primer pico de la pandemia.
Guardiamarina: Pero a veces Dios tiene sus tiempos. En ese primer proceso, por cuestiones de las pruebas de COVID, que eran pruebas rápidas, algo salió en mi prueba y ya eran como las seis de la tarde. No era posible repetirla por otras razones. Quedé fuera del proceso y tenía que regresar a mi casa. Fue un golpe, porque era un sueño que tenía. Había salido de mi casa a las tres de la mañana. Cuando llegó mi papá, lo que me dijo fue: «Si no pasaste a la primera, será porque los tiempos de Dios son así».
Guardiamarina: Pero yo, con mi terquedad, no me quedé con las ganas y volví a inscribirme. Para la segunda ronda, en noviembre, mi papá me dijo que ya no intentara más, que buscáramos otra universidad. Yo le dije que no, que me dejara hacer nuevamente el proceso. Volví a inscribirme para el servicio militar y me hice los exámenes. Me acuerdo de la incorporadora que estaba esa fecha en el colegio, firmando y firmando. Los incorporadores ya me conocían de la vez pasada y me dijeron: «No, esta vez sí pasa».
Daniel: Qué pena, pero estos son los relatos de la vida.
Daniel: ¿Y del mar? Estamos en actividades. Retomando entonces.
Guardiamarina: Gracias a Dios logré pasar mis exámenes e ingresar a la vida militar. Presté mis servicios en Coveñas y fueron tres meses de entrenamiento como aspirante a infante de marina profesional. Después, por cuestiones del COVID, mi familia no pudo visitarme y me trasladaron a Montes de María, Bolívar, a una unidad de movilidad: el Batallón de Movilidad número uno. Mi idea era ver, en los primeros meses, si de verdad era lo que quería para mi vida. A los cuatro meses confirmé que era lo que me gustaba. Hablé con mi papá y le dije: «Listo, eso es lo que quiero. Voy a continuar en la vida militar». Así inició mi proceso para ingresar a la Escuela Naval de Cadetes «Almirante Padilla» como oficial, en ese entonces del Cuerpo de Infantería de Marina.
Daniel: ¿Cuánto tiempo dura esa carrera?
Guardiamarina: Son cuatro años, igual que la de oficial naval. En ese entonces no estaba acelerada. Inicié el proceso con la ayuda de personal conocido del batallón y de consejos que recibí: exámenes médicos, la etapa psicológica, las visitas domiciliarias. La fecha de ingreso era en enero de 2022, pero los resultados salían en diciembre de 2021. Yo terminaba mi servicio militar en noviembre; llegué a mi casa, terminé mi servicio de la mejor manera y con mi familia muy emocionada, porque estábamos a la puerta de los resultados. El 14 de diciembre llegaron los resultados y no salí favorecido.
Guardiamarina: Ese sí fue un golpe más duro que el del principio, porque ya era la carrera como tal. Mi papá también quedó cabizbajo porque habíamos hecho todo por pagar los exámenes. Casi tiro la toalla, la verdad. Pero mi papá me dijo: «Hay oportunidades para suboficiales, con una carrera de dos años; inténtalo». Y yo, viendo los resultados, le dije que había otro proceso que me estaban considerando, el de cadete naval, con más cupos. Hicimos caso. Hicimos los papeles otra vez con mi papá, todo de cero porque los anteriores ya no servían. Iniciamos nuevamente en Año Nuevo para ingresar en junio de 2022.
Guardiamarina: Hice los exámenes. Cuando hago los exámenes médicos me sale un hallazgo de grado 3. En los tres meses anteriores, en los exámenes que me habían hecho, no había salido, y estaba a ocho días de la evaluación médica en el distrito. Fue otro golpe duro, porque estábamos cortos de tiempo y la operación era bastante costosa para nuestra situación económica. Pero gracias a Dios mi papá siempre ha sido así: «Vamos, no importa». No sé cómo hizo, prestó aquí, prestó allá, y logramos conseguir el dinero. El instituto médico donde hacíamos el examen nos recomendó dónde hacerla. Un miércoles fue la consulta y el jueves ya me estaba operando. A los ocho días me presenté en el distrito, recién operado, y gracias a Dios salí apto en los exámenes médicos.
Guardiamarina: Luego vino la visita domiciliaria y la última fase, la selección, que era la que me había quedado la vez pasada en la junta. Eso fue por mayo. Salieron los resultados cuando estaba solo en mi casa, porque mi papá estaba haciendo compras. Entré a la página y, entre los admitidos, salí en el puesto 18. Admitido para ingresar al programa como cadete naval. Ahí sí, casi lloro, pero lo peor es que estaba solo y no tenía a quién decírselo.
Guardiamarina: Como a la hora llegó mi papá con mi madrastra. Les dije: «Les tengo una noticia, pasé». Mi papá lloró, mi abuela, que acababa de llegar, también. Después de tanto sacrificio, pidiéndole a Dios que todo saliera bien, y mis tías, que siempre me apoyaron, también en lo económico. Pero enseguida vino una nueva situación: la matrícula y la dotación, que era todo lo que se necesita al ingresar: uniformes, el vestuario y los elementos para el estudio dentro de la escuela.
Daniel: Mi guardiamarina, esto es lo que hace especial el relato. Continuamos entonces.
Guardiamarina: Sí, señor. Después de la noticia de haber pasado a la escuela, que es maravillosa, teníamos el problema del dinero. La matrícula de la Escuela Naval era de unos cinco millones doscientos mil pesos, y la dotación, que es otro pago, eran como diez millones más. En total, casi quince o dieciséis millones de pesos. Mi papá me dijo: «Ese es el lío ahora, conseguir el dinero. Ya hicimos lo más difícil, que era ingresar. Ahora busquemos el dinero». No era fácil. Entre familia, tíos y primos fuimos reuniendo. Así cubrimos primero la dotación, el monto más alto. Faltando como una semana para el ingreso todavía no teníamos el dinero de la matrícula.
Guardiamarina: Mi papá decía que sería muy difícil y muy injusto perder la oportunidad de ingresar, después de tanto que se había luchado. Por lo menos buscábamos los cinco millones. Mi papá tiene un pequeño taller de y ahí trabajábamos los dos. Todo lo que hacíamos iba a la alcancía, al ahorro, y algunas primas aportaban cincuenta, doscientos mil. Faltando dos días para el ingreso todavía nos faltaban casi dos millones. Hacía falta ya más de la mitad.
Guardiamarina: Y a dos días del ingreso nos llaman de la escuela. Me acuerdo muy bien. Hablé con un teniente, de la compañía a la que iba a ingresar. Me llamó para comunicarme que había sido favorecido en el programa de matrícula cero, con el cual no pagaría el valor de la matrícula. Solo tenía que pagar un valor de una póliza o de seguros, como cincuenta y cuatro mil pesos. Escuchando eso, yo creo que ahí se fue el. Me dio algo.
Daniel: ¿Cuál fue el criterio que tuvo la institución en ese momento para ese plan?
Guardiamarina: Lo que nos dijeron fue que, entre los ciento setenta y cinco aspirantes que íbamos a ingresar ese lunes, un cierto porcentaje había salido favorecido. La verdad, los criterios y los sistemas de evaluación para escogerlos no sabría decirle, pero creo que fue de acuerdo con el Sisbén, la condición socioeconómica. No estoy seguro, pero eso fue lo que se comentó en ese tiempo.
Guardiamarina: Yo recibí esa noticia y se la conté a mi papá. Mi papá lloró y lo primero que hizo fue agradecer a Dios por toda esa bendición que siempre nos ha brindado. Lloró también mi familia, mis tías, las que tanto nos apoyaron. Fue una noticia tremenda. Los tiempos de Él son perfectos y Él sabe cuándo hace las cosas.
Guardiamarina: Gracias a Dios logré ingresar a la Escuela Naval de Cadetes desde el 8 de julio de 2022. Ingresé con mi matrícula cero, con el apoyo de mi familia y de Dios, primero que todo, y aquí estoy navegando en el Gloria, cosas que de pronto uno no se imagina en ese momento, pero que la escuela, a lo largo del tiempo, y Dios, hacen realidad.
Daniel: Así es. Son las historias que hay aquí, muchas más, todas diferentes: la historia de mi guardiamarina, que siempre quiso pertenecer a nuestra Armada Nacional; la mía, de siempre querer embarcarme en el buque escuela ARC Gloria. Los sueños de las personas se cumplen. Quizás no es que se cumplan, es que los sueños tienen unos tiempos distintos a los que por lo general estamos acostumbrados. Los sueños no son lineales.
Daniel: Con este relato doy por terminada nuestra charla. Podríamos continuar, pero siempre queda ese sabor de querer tener algo narrativo, algo nuevo. No Hables hoy, el podcast de los mares. Soy Daniel Rueda Serrano. Muchas gracias.