No Hables · Temporada 3 · Episodio 9

Son 40 años: el examen de la Armada que no pasé y cómo llegué a la arquitectura

Duración 19:32 · Grabado el 14 de enero de 2026 · Producción y voz: Daniel Rueda Serrano

Primer episodio de la serie «Son 40 años», grabado el 14 de enero de 2026. Vuelvo al formato de audio y cuento qué pasó hace 40 años: el examen físico de la Escuela Naval «Almirante Padilla» que no pasé por un supuesto pie plano, la sensación de brújula sin magnetismo que vino después, el curso preuniversitario, la duda entre ingeniería civil y arquitectura, y por qué terminé estudiando arquitectura en la Universidad Santo Tomás de Bucaramanga. Una reflexión sobre los desvíos que terminan siendo el camino.

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Capítulos

Resumen

Grabado el 14 de enero de 2026. Cuarenta años después del examen de la Escuela Naval que no pasé, cuento qué ocurrió: la prueba del pie plano, el telegrama que llegaba a los aspirantes, el desconcierto posterior, el preuniversitario y cómo llegué a elegir arquitectura.

Temas

Transcripción

Texto editado a partir de la transcripción automática y revisado por el autor.

En el audio digo que este es el «primer programa de la temporada 3». La numeración oficial es: temporada 3, episodio 9.

Vuelvo al audio: nace la serie «Son 40 años»

No hables para que me escuches, el podcast.

Buenos días. Hoy es 14 de enero de 2026 y este es nuestro primer programa, que hace parte de la temporada 3 de nuestra serie No Hables hoy, el podcast de los mares. Vuelvo con este programa al formato de audio. Muy probablemente continuaremos haciendo video podcast, como fueron los últimos ocho, quizás diez, que produje el año pasado con una temática específica: nuestro viaje a bordo del majestuoso buque escuela ARC Gloria, embajador de Colombia en los mares del mundo.

Pero ahora hago un giro de 360 grados y retomo nuestros formatos, nuestra retórica y muchas otras cosas que hemos venido haciendo durante estos casi dos años, o año y medio, si la memoria no me falla, en compañía de ustedes, que siempre me escuchan, mujeres y hombres, de una manera cariñosa, más personalizada y no tan formal.

Voy a intentar comenzar y desarrollar una serie que voy a denominar «Son 40 años». Voy a aclararlo de una vez: no quiero con esto traer noticias y sucesos que pasaron hace 40 años a nivel de Colombia, del mundo o de la región, porque no se trata de hacer referencias históricas. Pero obviamente serán necesarias en su momento para ubicarnos en un contexto. Por ejemplo, la música de hace 40 años es indispensable tenerla como referente. La música dinamiza, la música genera conexiones que yo a veces denomino de tipo neuronal. Lástima que no pudiéramos hacer estas conexiones inmediatas con olores, pero bueno, eso no sé si ya lo inventaron. Personalmente no lo conozco.

Mis compañeros de colegio entran a la Escuela Naval

«Son 40 años» surge de una reflexión. Hace unas semanas, mis compañeros de colegio llegaron y se presentaron a la Escuela Naval de Cadetes «Almirante Padilla» a hacer su curso para oficiales, su respectiva carrera militar en la Armada Nacional. No sabía, o no me acordaba, que fue ese 8 de enero, pero una publicación que vi en una red social hacía esa referencia: hoy hace 40 años.

Y entonces pensaba cómo ha pasado tan rápido. Cuarenta años. Yo no entré, como era mi deseo, a la Armada. Corría el año de 1985, cuando estaba en sexto de bachillerato en el Colegio San Pedro Claver de Bucaramanga. Me presenté a la Armada Nacional con todos los requerimientos y pasos que para la época se necesitaban, y el primero de todos era el examen físico.

El examen físico y la prueba del pie plano

En el examen físico, la primera prueba, el primer test, era la del pie plano. Se rechazaba de primera instancia a las personas que tuvieran esa supuesta anomalía. Estando descalzo, el médico, que era un oficial de la Armada Nacional, del cuerpo administrativo, me indicó varias veces que caminara de un lado para otro. Quizás en el momento no entendía el motivo de esa caminada: «Vaya para acá, venga para acá», como si estuviera uno en un pequeño desfile de modas, porque nos encontrábamos en calzoncillos. Era algo atípico para la época, digámoslo así.

Y efectivamente el médico me dijo, con su acento un poco caribe: «Oye, retira papeles, porque tienes el pie plano». En su momento le pregunté qué miraría en mi pie, si el arco o qué, pero me mandó a ponerme la ropa y a retirar papeles, y por ende todo el resto del proceso. Posiblemente había otras pruebas o exámenes físicos, como el del varicocele, y después una lista sucesiva de otros exámenes: técnicos, de conocimientos, de matemáticas. Para concluir la incorporación existía una entrevista y una visita domiciliaria que, en la medida en que uno iba quedándose, llegaba, la tal esperada visita domiciliaria.

Al final de todo el proceso, la Escuela Naval mandaba un telegrama, el viejo formato de telegrama, diciéndole al aspirante si pasaba o no pasaba. Obviamente la alegría de mis compañeros que habían logrado pasar todas las etapas fue grandísima. En mi caso hubo alegría por ellos, pero también tristeza y lástima por no haber podido pasar.

Hice todo lo posible. Le dije al médico en ese momento que yo hacía parte del equipo de atletismo del colegio, que era fondista, que además caminaba porque era scout, y que nunca había considerado que el pie plano fuera un impedimento físico. No funcionó. Después de ponerme la ropa, le conté a mis papás esta novedad. Fui donde un médico, amigo de la familia, que era ortopedista, y me hizo una valoración rápida para llevársela nuevamente a la oficina de incorporación de la Armada. Allí manifestaba que, si bien el arco no era tan prolongado, poniéndole un poquito de geometría al arco, no era tan arco, los puntos de apoyo sí estaban normales. Pero bueno, eso no sirvió. Lo cierto es que mi ingreso a la Armada Nacional no se pudo dar hace 40 años. Quizás no era para mí en ese momento de la vida pertenecer a la Armada desde una incorporación como cadete.

Esos 40 años, que son el motivo y el tema de este programa, me dieron la chispa de querer hacer estas series.

Una brújula sin magnetismo

¿Qué pasó hace 40 años? Ya les conté. Pero lo que siguió después fue una sensación como de brújula sin magnetismo. No apuntaba muy bien al norte, porque no tenía un plan B claro y definido en caso de que no pasara a la Armada. Es decir: si no pasa a la Armada, continúe sus estudios de tal cosa. Eso no lo tenía claro. Había una gran confusión entre la ingeniería civil y, en cierta forma, la arquitectura.

Me presenté a la Universidad Industrial de Santander, la UIS, y no pasé a ingeniería civil como carrera. Pasé, si no estoy mal, a ingeniería metalúrgica, con la opción de solicitar un cambio de carrera más o menos hacia el semestre cuarto o quinto. Se suponía, en ese entonces, que las materias básicas de ingeniería, como matemáticas y cálculo, servían para todas las ingenierías, y que después cada carrera se iba concretando de acuerdo con la especialidad escogida. Afortunadamente un amigo me dijo: «Dani, no haga eso, porque hay que dejar esas materias muy altas para que la universidad lo evalúe y quizás considere que sí puede lograrlo».

El curso preuniversitario

Finalmente tomé la decisión de volverme a presentar a la Universidad Industrial de Santander para ingeniería civil. Pero necesitaba prepararme. Necesitaba fortalecer las matemáticas y otras materias que no habían sido satisfactorias en el examen. Entré entonces a un preuniversitario, un curso de seis meses donde se fortalece todo esto, para presentarme un poco más sólido.

Durante ese estudio, hace 40 años, tuve una sensación que nunca antes había vivido: tomar clases de matemáticas, o de cualquier otra asignatura, en un salón con mujeres. El Colegio San Pedro Claver, donde yo estudié, en ese entonces no era mixto, era solo de varones. Tener una compañera o varias compañeras al lado era algo que nunca había vivido en los doce años que estudié en el San Pedro, seis de primaria y seis de bachillerato. Puede que ahora no parezca relevante, pero en su momento lo fue para mí. No por las distracciones, no porque uno no se concentrara, sino porque era algo que no se había vivido. Con 17 años, casi a punto de cumplir 18, era algo nuevo, y por eso se lo cuento.

Elijo arquitectura

Finalmente tomé la decisión de no presentarme a ingeniería civil y estudiar arquitectura. Esto lo motivaron dos ejercicios que hice en su momento. El primero fue consultar con mis amigos que estaban estudiando arquitectura, para despejar todos los fantasmas que yo podía tener sobre ese oficio, como si fuera ser un hacedor de decoración y de interiores. La arquitectura puede tener eso como una especialidad después de ser profesional, pero no era la decoración. Se pueden diseñar salitas y espacios, vuelvo y lo digo, pero no era el foco: era un error que yo tenía.

Lo mismo con la ingeniería civil. ¿No era el ingeniero civil aquel proyectista de grandes estructuras? Sí las proyecta, son grandes estructuras, pero en sus etapas iniciales no lo es. Entonces aclaré bien, o por lo menos despejé dudas, y me di cuenta de que no era el ejercicio de la ingeniería civil lo que me apasionaba. Mi norte, ese magnetismo de la brújula, ya apuntaba a una nueva carrera.

Universidad Santo Tomás

Y entré, en junio, julio, o agosto, si no estoy mal, de hace 40 años, a estudiar arquitectura en la Universidad Santo Tomás de Aquino de la ciudad de Bucaramanga.

Hasta aquí voy a hacer este relato, porque en esta serie de los 40 años todavía caben seis meses más. Puede ser en otras entregas de este programa donde les comente aspectos relacionados con la arquitectura, con los compañeros, o con las cosas que considere interesantes. Comentarles a ustedes que me escuchan aquí, en este podcast No hables para que me escuches, que soy Daniel Rueda Serrano.