No Hables · Temporada 3 · Episodio 11
Son 40 años, final: mi pluma Lamy Safari
Tercer y último episodio de la serie «Son 40 años», grabado el 3 de febrero de 2026 a petición de un oyente. La historia de mi pluma Lamy Safari: cómo la vi por primera vez en el colegio en 1985, la Parker prohibida de mi papá, mi primera Safari verde cuando empecé arquitectura, la tinta azul, el diseño inspirado en la Bauhaus de Wolfgang Fabian, las tres generaciones y los colores originales, y por qué la escritura a mano se está perdiendo. Este episodio no es patrocinado por Lamy.
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Capítulos
- 00:31Cierre de la serie: «Son 40 años»
- 01:25Este programa no es patrocinado por Lamy
- 02:25Cómo conocí la Lamy Safari (1985)
- 05:21La Parker prohibida de mi papá
- 07:41Mi primera Safari verde
- 09:19El río de tinta: lo que enseña escribir a mano
- 15:44Historia de la Safari: Wolfgang Fabian y la Bauhaus
- 23:22Los colores originales
- 26:06Escribe con pluma
Resumen
Grabado el 3 de febrero de 2026, a petición de un oyente. La historia de mi pluma Lamy Safari, desde que la vi por primera vez en el colegio en 1985 hasta hoy: la Parker prohibida de mi papá, mi primera Safari verde cuando empecé arquitectura, el diseño inspirado en la Bauhaus, las generaciones y los colores, y una invitación a seguir escribiendo a mano. Este episodio no es patrocinado por Lamy.
Temas
- La pluma de un compañero de sexto de bachillerato (1985).
- La Parker prohibida de mi papá y las plumas de la familia.
- El trazo único del arquitecto con tinta.
- Wolfgang Fabian, la Bauhaus y el plástico ABS.
- Primera, segunda y tercera generación: «W. Germany» y los colores originales.
Transcripción
Texto editado a partir de la transcripción automática y revisado por el autor.
Este programa no es patrocinado por Lamy.
Cierre de la serie: «Son 40 años»
No hables para que me escuches, el podcast.
Buenas noches. Hoy es 3 de febrero de 2026 y estoy aquí nuevamente para llevarles el tercero y último episodio de esta serie que he llamado «Son 40 años». Son los años que tengo de haber no conocido, pero sí poseído, una pluma, un estilógrafo, que puede tener otro nombre, pero que nosotros conocemos acá en Bucaramanga, Colombia, como la pluma.
Este programa no es patrocinado por Lamy
Este programa no es patrocinado por Lamy, ni pretendo que sea un programa con aire de promoción o de divulgación comercial. Lo hago a solicitud de uno de nuestros oyentes, que hace varios meses me dijo que le gustaría que dedicara un programa a este instrumento de escritura que es la pluma, y en este caso la pluma Lamy Safari.
Cómo conocí la Lamy Safari (1985)
Yo la conocí hace 41 años, digámoslo así, en 1985. Hagamos una precisión: fueron los meses finales del 85 al 86, octubre, noviembre, cuando la pude ver en el colegio donde yo estudié, el Colegio San Pedro Claver. Estábamos cursando sexto de bachillerato y un compañero que también ha sido colaborador de este programa, Carlos Miguel, la tenía. Hablar de Carlos Miguel no es el motivo de este programa, pero sí dar una referencia: estamos hablando de un hombre alto, de manos grandes. No es una estatura anormal ni de gigantismo. Dejémoslo en un hombre grande, de manos grandes.
Este amigo, Carlos Miguel, tenía su pluma Lamy de color blanco. Ese instrumento me llamó la atención cuando lo vi. Él, que también es arquitecto, la utilizaba para hacer sus tareas. No era usual que un estudiante de sexto de bachillerato en Bucaramanga llevara ese instrumento de escritura al colegio. Desconozco la razón, pero no tuvimos la cultura de escribir desde temprana edad con estos instrumentos.
La Parker prohibida de mi papá
Yo conocía una pluma, o varias plumas, de mi papá: una Parker. Después conocí otra marca, pero en ese entonces tenía el recuerdo de la pluma Parker y de la prohibición que él hacía de que nadie la utilizara. Quizás tenía el temor de que se cayera, porque si caía de punta se dañaría. Hoy desconozco los motivos, pero era un objeto prohibido. Y siendo prohibido, un adolescente hace la picardía: hagamos lo que no está permitido y utilicemos la pluma de mi papá. Era con el susto, con el temor, y nunca alcanzaba uno a disfrutar el placer de escribir con un artefacto tan versátil.
Si la pluma es de oro, o de una aleación parecida, es más suave. Eso no lo contemplaba uno en este ejercicio de picardía con la pluma del papá, que podía ser la del tío. En la casa de los abuelos había una pluma que pertenecía a un pariente sacerdote. Cuando se la regalaron a mi abuelo, la pluma no funcionaba como debía: le dejaron tinta en la parte interna y el resultado fue que la tinta no bajaba.
Mi primera Safari verde
Esa experiencia con las plumas la vine a concretar en algo muy real después de haber visto la de Carlos Miguel, cuando empecé a estudiar arquitectura y tuve la coincidencia de tener mi primera pluma: una Lamy Safari de color verde. No sabía en ese entonces cuál era el contexto de la pluma Safari. Lo que sí sé es que desde ahí hasta ahora, treinta y tantos años después, sigue siendo un compañero. No sé cómo ponerle el artículo adecuado, pero es ese instrumento que lo acompaña a uno para escribir.
Y no solo tengo una, tengo muchas, y de varios anchos, cortes o perfiles de pluma, para tener una caligrafía diferente. Está la B, está la M, dependiendo de lo que uno quiera.
El río de tinta: lo que enseña escribir a mano
Después de haber escrito con tinta de una pluma, inventémoslo, así como 3.247 metros lineales de tinta negra, mezclada también con tinta azul y de varios colores, ese río de tinta escrito con plumas mías. [En este punto comenzó una serenata con mariachi en el restaurante donde grabo; espero que no afecte la edición final.] Para no perder el hilo y continuar con el río de tinta, después de escribir mucho he podido sacar conclusiones sobre escribir con un estilógrafo, como también le dicen en algunas partes.
Una de esas conclusiones, quizás la más precisa, es que la mano alzada y el trazo del profesional que la utiliza, en mi caso como arquitecto, dejan un resultado único: la mancha, el hilo de tinta sobre un papel o sobre una superficie. La tinta deja esa huella del documento que se va a presentar o a guardar. Es algo clásico y se está perdiendo. Podríamos hablar de los bolígrafos Bic, podríamos hablar de los lápices, pero la escritura se está perdiendo, al igual que se han perdido otras cosas para los sentidos: los discos, los casetes, así estén cogiendo auge nuevamente, las cintas de video. Yo conocí el 8 mm, pero no me correspondió la época del 8 mm: me correspondieron los rollos de 35 mm, el Advantix, por ejemplo.
Entre las cosas que se pierden con la modernidad, con el uso del computador, está la pluma, el estilógrafo. Y no es por el precio, porque hay de varios precios, dependiendo de lo que usted quiera tener. Lo que lo impide es quizás que ya casi no escribimos. La pluma se está perdiendo por la falta del hombre que la utiliza, es decir, de quien escribe bien.
Este podcast está escrito con una pluma, con mi Lamy Safari, que después supe que era de tercera generación. No la voy a confundir con la de la segunda ni con la primera. Uno va cogiendo hábitos: me gustó en una época escribir con la pluma gruesa, me gustó escribir con la delgada. Al decir grueso o delgado me refiero al ancho del corte, del espesor por donde sale la tinta, que le da a la caligrafía diferentes aspectos. Me quedé finalmente con la mediana, sin decir que las otras ya no me gusten, y con tinta azul. Me encanta escribir con tinta azul. Las demás plumas las tengo aseadas, guardadas, listas en cualquier momento para aplicarles tinta negra, verde, morada, como la que utiliza el amigo que me solicitó este programa. Lo que necesito es escribir, necesitaría más papel para escribir con mis plumas y así poder hacer muchísimos más podcast como este.
Historia de la Safari: Wolfgang Fabian y la Bauhaus
¿Qué pasó con Lamy? Año de 1981, el señor alemán Wolfgang Fabian fue el creador de este artefacto, y digámoslo de alguna forma, la quiso diseñar para estudiantes, algo muy atípico en esa época en Alemania, en el año de 1980. Participó en una feria de diseño, de la que no me acuerdo realmente la ciudad, y ahí fue donde la presentaron. Se inspiró la pluma en las normas del diseño de la Bauhaus, con un diseño de líneas simples y con atención fundamental a la funcionalidad. Resulta un acierto la utilización de un plástico que llaman ABS para su fabricación, ya que es un material resistente, agradable al tacto y de larga duración.
Para los que me escuchan y quizás nunca hayan tenido una pluma Lamy Safari: la forma cilíndrica del cuerpo de la pluma se cortó para obtener dos caras planas, y en una de ellas se grabó el logotipo de Lamy. Además tiene un cuadro de vértices redondeados que sirve de ventana indicadora del nivel de tinta. La sección de agarre se separa del barril por un anillo plástico negro. Tiene cuatro caras que obligan a agarrar la pluma de dos formas posibles: para escritura normal o para escritura reversa. Esto es muy práctico de entender: si usted escribe normal, tiene un ancho que podemos llamar X; si la voltea, tiene un ancho menor. Esta es una de las ventajas fundamentales para quienes se inician, porque obliga a sujetar la pluma de forma correcta, aunque para muchos es un inconveniente, porque cada uno la agarra como quiere.
El capuchón, la tapa, tiene forma cilíndrica con un clip atornillado muy elemental, en este caso de color negro, construido con una barra de acero con forma de cuadrado de vértices redondeados, ligeramente doblado hacia fuera para facilitar la inserción en el bolsillo de la camisa, o como a veces lo usábamos, en la abotonadura de las camisas o en el cuello redondo de una camiseta. El plumín es de acero inoxidable y tiene una forma prácticamente triangular, con unos hombros poco pronunciados que le dan una forma muy estilizada. No tengo presentes las dimensiones, pero pueden ser del orden de unos 144 milímetros.
Los colores originales
Busquemos referencias. La primera generación fue la que se comercializó en 1980. La segunda generación, que fue la primera que yo tuve, tenía en la parte de atrás impreso, como perforado, «W. Germany», haciendo referencia a Alemania Occidental, algo normal en la época. La tercera generación ya no venía con «West Germany», sino con «Germany». Otro detalle que hay que tener en cuenta es el tornillo hexagonal que sujeta el clip.
La pluma está diseñada para que uno la alimente con un cartucho que vende Lamy, dependiendo de los colores, o como hago yo: ese mismo cartucho lo retira uno, le echa tinta con una jeringa y lo vuelve a utilizar. También Lamy vende unos dispositivos o bombas con los que uno sumerge la pluma en la tinta, presiona y listo. Es un poco engorroso, porque hay que tener mucha precisión para saber hasta dónde llega la pluma, y después inclinarla con un papel higiénico o una servilleta para retirar el exceso. Si de recomendaciones se trata, tómese la molestia de quitar ese cartucho y recargarlo, o compre varios cartuchos y téngalos para un viaje o para cualquier lugar donde no tenga a la mano ni la jeringa ni la tinta.
Hablemos de los colores. Los colores iniciales fueron el verde sabana, que es como un verde militar, el naranja terracota y el negro carbón, y obviamente después el blanco, que si no estoy mal fue de la segunda generación. Los de la primera generación, es decir, los que no tenían «W. Germany», son los tres colores que les dije. El blanco quizás pudo haber aparecido en 1983, lo cual no recuerdo porque simplemente estaba haciendo otros años de bachillerato en los que nadie tenía pluma.
Escribe con pluma
Escribir con pluma, ya lo dije, es una experiencia. La pluma es un instrumento. La pluma jamás va a hacer el trabajo por usted, no va a pensar por usted, pero sí va a dejar un sello suyo, un sello personal. Es decir, la pluma, en un determinado momento, puede hablar por usted, un poco en misterio y en puntos suspensivos. Con esta reflexión, quienes me escuchan, así sean personas que no pertenezcan a las artes ni a la arquitectura, sino que simplemente escriben con pluma, me entenderán muy bien, al igual que los colegas, compañeras y compañeros que desde el comienzo la utilizaron.
¿Cuánto vale una pluma actualmente? He vuelto a comprar, y puede estar en el orden de unos 180 o 200 mil pesos, hablando de una Safari, porque como les digo, hay muchas marcas y precios más elevados. Los dejo con esa inquietud: consulten hoy por hoy en las plataformas y en todos estos medios digitales que nos acercan al comercio. Consulten las plumas, escriban con pluma, tengan el placer de tener alguna vez en su vida una pluma para utilizarla y para escribir lo mejor de ustedes, para escribir ese mensaje que llegue a alguien, esa nota que desea dejar por debajo de la puerta o en medio de un libro. Hasta por qué no una pluma, para hacer de la escritura una forma de comunicarse mejor.
Son 40 años. Son 40 años que quise compartir de la experiencia de mi pluma. Gracias. Soy Daniel Rueda Serrano.